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Volaverunt - S/T Between the beginning and the end of things, space is the only constant, time goes to a second place only relevant to the romantic and used to esthetic illusionism specter. If its measured by the laws of popular music, on Volaverunt's album you'll find little time, only a few minutes I mean, what's a fact is here its lots of space, real and imaginary, galactic and desert-like, nebulous and neat, all agreed in total asymmetry, as, I think, all things in this world should be. Too long for an EP, too short for an LP, the band's debut submerges in a more human and unique side, its just a piece of music with no last names. If with Molloy & His Bike, Eduardo Padilla disguised as a John Fahey, who amnesiac forgot about landscapes to focus on roomscapes, in Volaverunt he rescues a certain claustrophobic essence playing from a point where the fourth cardinal points matches to wall 1, 2, 3 y 4. Here he seems to wear a white suit, let's say, Loren MazzaCane Connor's suit, particularly on tracks as “Die Trying”. If aridity is understood as a chronic emotional necrosis symptom and not as the lack of moist of land and air, then “L'Albatros” is arid in spirit, the chords seem indecisive, it sounds like a man's face with teeth filled with dirt, spurting out a thick black jet of spit. “Dust Devil Soiree” sounds to me like Cocteau Twins playing from the total abandonment inside a leprosarium, in moments Vaka Lee's vocal phrasing (between a nosey Liz Fraser and a Lexotan high Liz Bougastos), results to me exasperating, but that's what music's all about, it remind us about where we're from and rises an illusory and romantic smile when it makes us think where we want to go. (Review By José Ángel Balmori) Entre el principio y el final de las cosas lo único constante es el espacio, el tiempo pasa a un segundo plano sólo relevante para el espectador romántico y acostumbrado al ilusionismo estético. Si se mide por las leyes de la música popular, en el disco de Volaverunt se encontrará poco tiempo, poco minutaje pues, lo que sí es que aquí hay mucho espacio, real e imaginario, galáctico y desértico, nebuloso y claro, todo conviviendo en una total asimetría, como deben ser todas la cosas de este mundo pienso. Demasiado largo para ser un E.P., demasiado corto para ser un Álbum, el debut del grupo se sumerge en un lado más humano y único, es sólo un pedazo de música sin apellidos. Si con Molloy & His Bike, Eduardo Padilla se disfrazaba de un J ohn Fahey que amnésico se olvidadó de los landscapes para centrarse a los roomscapes, en Volaverunt rescata cierta esencia claustrofóbica tocando desde un punto en donde los cuatros puntos cardinales corresponde a pared 1,2,3 y 4. Acá parece que se puesto un trajo blanco, digamos, el de Loren MazzaCane Connors, particularmente en tracks como “Die Trying”. Si se entiende la aridez como un asunto de necrosis emocional crónica y no como la falta de humedad en el suelo y el aire entonces “L´Albatros” es árida de espíritu, las cuerdas parecen indecisas, suena como el soundtrack para la cara de un hombre con los dientes llenos de tierra que termina por escupir al suelo un chisguete negro y espeso, “Dust Devil Soiree” me suena como a unos Cocteau Twins tocando desde el desamparo total en un leprosario, por algunos momentos el fraseo vocal de Vaka Lee (entre una Liz Fraser nasal y una Liz Bougatsos abusada por el Lexotan) me resulta exasperante, pero de eso se trata la música, nos recuerdo de dónde venimos y nos levanta una sonrisa ilusoria y romántica cuando nos hace pensar a dónde queremos ir. (Reseña por José Ángel Balmori)
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